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lunes, 11 de mayo de 2009


¿IMPORTA LA VIDA DE LOS ESPAÑOLES?

Parece ser que no. No a quienes debería importarles. No importa la vida de los militares, de los policías, de los agentes de seguridad privada, de los ciudadanos. Son todo lo más una estadística. Desde hace años muchos militares y policías han caído asesinados en ataques cobardes de bandas asesinas que "luchan" por no se sabe bien que. Ni ellos mismos lo saben. Tantos muertos fue una de las causas argumentadas para el fallido golpe de estado que llevó a cabo el teniente coronel Tejero y otros. Ciertamente en aquella época morían asesinados policías, guardias civiles y militares casi a diario. La enferma sociedad lo justificaba de alguna forma. Era célebre la frase “algo habrá hecho”.

ETA ha asesinado a más de 830 personas y de ellas casi 500 fueron Guardias Civiles, policías y militares, 23 fueron ediles, y el resto civiles incluidos niños. Mas recientemente en el atentado a los usuarios de tren en Atocha el 11 de marzo de 2004 que las autoridades achacan al integrismo islámico murieron asesinados 191 inocentes. También el GRAPO (mas de 80 asesinados) y otras bandas de asesinos se han llevado la vida de muchos españoles.

Alrededor de 150 soldados españoles murieron en acto de servicio en misiones en el extranjero que se ha procurado silenciar o no difundir, y en acto de servicio mueren con frecuencia nuestros Policías, Guardias Civiles, Vigilantes de Seguridad y Escoltas Privados. Las noticias no suelen recoger esta información. A la sociedad no le importa. Parece que en el sueldo les va el que los asesinen. Eso deben de pensar nuestros ineficaces políticos que se limitan como mucho y solo en algunos casos, ha hacerse la fotografía en los funerales a los que asisten, olvidándose de los muertos a renglón seguido. Solo son un número en la estadística para ellos. Pura hipocresía, mucha insensibilidad y escasa humanidad.

Todos estos asesinados y muertos dejan tras de sí familias rotas y mucho dolor. Dolor al que son inmunes los políticos responsables de que sucedan estas cosas. Políticos que incluso ante un atentado llegan a insultar a las víctimas (recordemos el caso del escolta privado de Bilbao Gabriel Ginés, al que el peor político que ha conocido la historia de España, Alfredo Pérez Rubalcaba, acusó de ser responsable de su propio intento de asesinato según él, por imprudente), pero que luego les da un infarto del pánico que les entra si les falta el agente que les da escolta.

Los españoles olvidamos con excesiva facilidad a nuestros muertos. Pareció que con el cobarde asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997 el pueblo reaccionaba saliendo a la calle y creándose el foro de Ermua. Pero solo fueron cantos de sirena. Hoy ya nadie se acuerda de aquello, como nadie se acuerda de las víctimas de atocha, ni de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno recientemente asesinados por el desquiciado integrismo de ETA o los aproximadamente mil asesinados por terroristas. Nadie recuerda a los vigilantes de seguridad caídos asesinados por el GRAPO en Galicia para robar el dinero del furgón blindado, lo mismo que con el asesinado en Sevilla tiroteado desde una moto para robarle las sacas de dinero y una infinidad de agentes públicos y privados que mueren por dar protección a sus ciudadanos.

No son solo ellos, tenemos los oscuros asesinatos de las niñas de Alcasser y otras desaparecidas, Sandra Palo cruelmente violada y asesinada por el menor de edad conocido como "el Rafita" que salió prácticamente impune del crimen, los energúmenos que trabajan de matones en bares de copas y discotecas que cada cierto tiempo asesinan con brutales palizas a jóvenes que salieron a divertirse, asuntos como el aceite de Colza, mujeres asesinadas por sus criminales maridos, etc. Son tantos y tantos los muertos que a nadie importan, que seguro me dejo muchos en el tintero.


Son demasiados los muertos y casi nula la atención que se les presta. No se quedan atrás las víctimas de variadas desgracias como inundaciones y otros. En España todo se olvida enseguida. A nadie parece importarle estas cosas hasta que le toca vivirlas de cerca. A las autoridades menos que a nadie, mostrándose casi siempre insensibles al dolor de los ciudadanos a quienes representan y tienen la obligación de proteger.

La vida de los demás parece no importar a nadie. Si mañana asesinan a un vigilante de seguridad en acto de servicio, solo será un número más en las estadísticas, fácilmente reemplazable. Solo importará a su familia. Con suerte.





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