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jueves, 21 de febrero de 2008






LAS ARMAS DE FUEGO 1ª parte
 

Desde los albores de la humanidad el hombre ha creado y usado armas. Como débil ser que es y siempre ha sido, tuvo que utilizar su inteligencia para sobrevivir en un ambiente duro y hostil. Para poder enfrentarse a los peligros diarios, comer y defenderse de animales y otros seres humanos ideó las armas. Así pues estas han sido siempre parte integrante e indisoluble del hombre. Desde la primitiva piedra a las mas modernas armas nucleares, siempre hemos convivido con las armas. No son nada nuevo.

El paso del tiempo supuestamente nos ha hecho mas civilizados, y digo supuestamente pues la triste realidad es que solo nos hemos tecnificado, pero se sigue haciendo uso de las armas para defendernos, para atacar y para divertirnos.

Las guerras existen desde siempre y nada indica que vayan a dejar de existir. Igualmente el peligro de ser atacados (incluso por nuestros propios ejércitos) existe y existirá siempre. Parejamente en los lugares donde no se vive en situación de guerra existe la delincuencia, igualmente tan antigua como la existencia del hombre, y que tampoco podemos presuponer que vaya a desaparecer.

Teniendo esto claro, debemos suponer que si ese peligro sigue existiendo, la necesidad de tener armas también. Eso no lo va ha cambiar ningún gobierno y mucho menos aún ninguna ONG. Que estemos mas o menos civilizados (tecnificados y controlados en realidad) por la tecnología y por los gobiernos no lo va a impedir. Ya no nos son necesarias para procurarnos el alimento, pero siguen siendo necesarias para nuestra protección.

Esas ONG pueden abogar por el desarme de la gente honrada (de la otra jamás podrán lograrlo) y los gobiernos hacerles el juego y desarmarnos, pero esto únicamente logrará que la gente honrada esté aún mas desprotegida y sea mucho mas fácilmente presa de los depredadores que no atienden ni a leyes ni a reglamentos.

De esto tenemos claros ejemplos, del que el Reino Unido es un claro estandarte con su alta tasa de delincuencia armada pese a la prohibición total de poseer armas de sus ciudadanos. Y en el lado contrario tenemos países con bajísima tasa de delincuencia y altísima tasa de ciudadanos armados como Canadá.

Parece muy claro que no es la posesión de armas de fuego por parte de la ciudadanía el problema, sino la educación y la justicia del país. Las prohibiciones no impiden el crimen, y el asesino lo será con armas de fuego o sin ellas, como viene siendo demostrado a lo largo de la historia, y la prohibición de poseer armas de fuego no va a impedir al delincuente obtenerlas.

Si tenemos esto claro, no se sustentan las razones que el estado aduce para restringirnos y dificultarnos el acceso a las armas de fuego, pues el ciudadano honrado no es un riesgo para nadie.

Somos mas de dos millones los españoles que poseemos armas de fuego, bien con fines oficialmente defensivos (los menos), bien con fines deportivos, o bien para el ocio, sin que suponga el más mínimo problema, pues los incidentes protagonizados por esos ciudadanos armados son tan escasos, que estadísticamente son insignificantes.

Sin embargo el estado y sus representantes con las competencias sobre armas se emplean a fondo para dificultar y restringir al máximo ese acceso a las armas de los ciudadanos honrados, mientras los delincuentes acceden incluso a armas automáticas.

¿Porque esa persecución?
La inmensa mayoría de poseedores de armas de fuego las usamos con fines deportivos y de ocio, y esto además de saludable resulta relajante y carente de todo peligro dadas las normas de uso que se respetan siempre. 

No voy a negar que tener en casa esas armas de fuego legales autorizadas para el tiro deportivo o la caza, nos den un extra de tranquilidad en nuestros hogares al no sentirnos totalmente desamparados ante un asalto como le ocurre al ciudadano que no las tiene, pero ese extra de tranquilidad se ve neutralizado al ser conscientes de las muy serias consecuencias de su uso, por muy justificado que esté. No se que resulta mas aterrador, si el asaltante del que nos defendemos, o el juez.

No se comprende que nuestros ciegos políticos den la espalda a la realidad y se empeñen en no querer verlo, y por lo tanto se nieguen a flexibilizar los obsoletos e injustos reglamentos y leyes.

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